domingo 5 de abril de 2009

Es un juego

Lo sabes, no es necesario que te hagan la advertencia porque lo sabes. Está jugando contigo y, te gusta repetirlo, estás jugando con él.
Sonríes. Intentas acomodarte un poco mejor pero el espacio que te dejó no es muy grande, o más bien sucede que la cama es pequeña. No importa. Es un juego, es un juego y es ridículo el lugar en el que estás. No haces caso, sigues pensando en cómo pasaron las cosas y que seguramente estás ganando el juego ya que, gracias a tu bien usada táctica de voltear en el momento preciso y sonreír inocentemente, es que te invitó a pasar la tarde con él creyendo que era idea suya.
No, parece que no hay forma de acomodarse. Por tu cabeza pasan demasiadas cosas, sobre todo la idea de que el juego se está poniendo aburrido si estás ahí sin hacer nada de provecho, únicamente porque él decidió que necesitaba descansar y, sin más, se acostó un rato. Tal vez, después de todo, no eres tú la que está ganando el juego.
Es por demás, consideras que es mejor irse y resolver algunos pendientes. Recuerdas que tienes que lavar algo de ropa y será mejor tener todo en orden antes de la cena. Entonces a levantarse, decidido. Vaya juego tonto. Pero cuando estás a punto de moverte, él, de pronto, pone su brazo en tu cintura y sí, mira, te está abrazando. Parece que incluso medio dormido sigue jugando.
Uno, dos, tres largos segundos. No entiendes por qué no te puedes mover. Es un juego, es un juego, es un juego. No sabes qué hacer, si sonreír o enojarte, pero no te mueves, no quieres casi ni respirar para que él no se de cuenta de que reaccionaste de alguna forma. Es un juego, es un juego, es un juego. Cuatro, cinco, seis segundos más. Suavemente te acerca un poco hacia él, tú te dejas, sólo te repites que es un juego. Él siempre está jugando y no puede ser más que un juego. Quieres que sea un juego carajo y sigues inmóvil, quieres que sea, eso quieres, no, no sabes qué quieres. Tu mente está en blanco, sólo escuchas su corazón que late con fuerza y parece decir tuntun-tuntun-esunjuego-tuntun-esunjuego.
Pero… no, pero nada, no pienses en los peros, no hay ninguno. Pero es que, es que, es que qué, chingada madre ¡es que nada porque es un juego! Pero por qué entonces está nervioso. Está nervioso. Tuntun-pero-tuntun-esunjuego. Ya no sabes nada.
Tuntun-tuntun-tuntun. El sonido te llena la cabeza y no puedes pensar más. Su brazo sigue sobre tu cintura y no termina de abrazarte del todo. Tuntun-tuntun-tuntun. Sigues inmóvil.
Entonces, sin saber por qué, tomas su mano y le permites que te abrace realmente. Tuntun-tuntun-tun-tun-es-un-jue-go. Tun-tun-noes-un-jue-go. Poco a poco su corazón se calma. Tun-tun-no-es-tun-un-tun-juego. No necesitas voltear, sabes que está sonriendo. Y sabes que su sonrisa debe ser sincera.
Tú también sonríes, te olvidas de todo, y muy lentamente, te pierdes en aquel abrazo y aquel sueño. Mientras tu propio corazón late sin prisa. Tun-tun-no-es.

lunes 19 de enero de 2009

Corrompiendo sueños...

I

Somos y no somos bajo las sábanas.  Somos, cuando tu espalda anida en mi pecho mientras tus cabellos se aventuran por los senderos de mi rostro.  Somos, cuando tus piernas navegan por las mías como el agricultor navega por el río en búsqueda de tierras fértiles para cultivar.  

 

El poema universal se recita en tus suspiros y corrompe los momentos de silencio, en el intervalo de tiempo que Morfeo te pierde por causa mía y tocamos el cielo con los dedos del alma.  Vive pues, mi corazón unido al tuyo en un instante que no conoce peroratas, tan sólo el fluir de los sentidos. 

 

II

 

Y volvimos enredados de los sueños que ahora vemos como el pasado o lo que nunca fue posible.  Contemplamos iracundos cada quien para su lado, la verdad que no nos gusta y el desorden habitado, en el mundo que no nos pertenece pero que definitivamente disfrutamos.  Somos hasta antes de despertar, luego, no.

 

Pasan los segundos desfilando en la brecha que dejara la ironía.  Te despides.  Me despido.  Brilla nuevamente el bombillo que oculto estuvo en el momento exacto.  Ahora no somos, simplemente no lo somos.  Envueltos en el escrutinio cotidiano nos vemos fijamente.  ¿Somos o no somos? ¿Lo fuimos? Quizá.

 

III

 

No soy de nadie, mucho menos tuyo.  Y he de dejar en claro que por gusto propio, mi piel estuvo en tu banco personal por varias horas.  Ayer, ayer…  Ayer mi barca navegó en tus mares, honestamente no sé, si para bien o para mal.

 

Fueron nuestros y entre todo, fueron solamente míos.  Detestable es saber que comparto la cama con la manía inescrupulosa de corromper los sueños ajenos, tanto bajo las sábanas como fuera de ellas.

sábado 17 de enero de 2009

Insomne

Sudo, me doy la vuelta, giro. Escucho los resortes del tambor metálico quejándose bajo mi peso. Por más que trato de zafarme de su abrazo él lo aprieta y yo, vuelta a sudar. Me coge como se monta a una mula, y después me abraza como si fuera su niña. Las incongruencias de cama me dan escozor. Por la mañana sé que me echará a la calle para no levantarme sino hasta la noche.
Seguiré allí.

Cambié mi colchón veintipico de años después de que mimamá me lo comprara. Se imaginan cómo se siente un colchón así de viejo. No está tan mal, ya tiene hundidas mis curvas, sabe cuándo me voy a dar la vuelta y cómo voy a amanecer. Tiene esa marca de sangre de mi menarca y guarda el recuerdo de la última vez que me oriné en la cama.
Allí un chico me hizo mi primer sexo oral a los dieciséis. Yo me moría de gusto, de ganas y de morbo cuando él levantó mi falda y escondió la cabeza entre mis muslos. Me separó las piernas -sostuvo mis rodillas separadas con sus codos- se agachó y hundió su lengua en mi sexo. La cabeza se me fue para atrás y todo el pensamiento se me borró de inmediato. Fum. Así, sin más.
En mi ccolchón matrimonial también conocí un orgasmo, el primero que no fue por ese famoso sexo oral o por masturbación. Grité que los vecinos se habrán escandalizado. Pero quién diría que un ingeniero tan otrora intrascendente podía hacer aquello. Y lo hizo, uf que si no lo hizo.

Mi perro gimoteaba al compás del rechinido de un colchón. De mi colchón. Yo sudaba envuelta en las cobijas de la cama de mi madre. Ella no estaba allí conmigo. Su voz, quebrada por el placer, me llegaba como un gemido monstruoso desde el otro lado del pasillo. Otro quejido, uno masculino -extraño, completamente ajeno- la acompañaba. Yo tenía catorce.
Por la mañana me levanté y crucé el pasillo hasta mi cuarto. Horrorizada vi como mi cama infantil había perdido su inocencia.

Mas cuando de dormir se trata, pateo amablemente a quien me estorba y me extiendo por todo mi colchón. Si ya me jodieron el amor, la vida, el erotismo y la inocencia, carajo, déjenme en paz el sueño.

viernes 16 de enero de 2009

Presentaciones tardías ¿qué número me toca?

¿Sí, bueno?, ¿está prendido?... ah ya.
Eeehhmmm, ¿sí?, ¿qué digo?, ¿que me presente, quieren?, pero me da la luz en la cara, sí gracias, es que una se pone nerviosa con estas cosas, ya ven.
Bueno, pues soy Silvia. Yo no sabía que estuviese enferma ¿saben?, o bueno si, pero además de mi psicosis imaginaria nunca hubiera pensado que mis males fuesen a causa de ese síndrome que aquí describen. En realidad yo creía que la enfermedad era la necesidad de escribir, tanto que me daba pena cada vez que alguien me cuestionaba sobre lo que parecía anotar en mi cuaderno y que claramente no tenía que ver con la clase; siempre una mentira distinta, siempre hacerse la desentendida.
A ver, desde el comienzo, soy la típica niña que pregunta el por qué de absolutamente todo y no se queda conforme con la respuesta. Mi madre solía contarme cuentos y yo siempre quería escuchar una y otra vez lo mismo hasta que no me fueron pareciendo esos finales felices y perfectos; entonces ella, muy peligrosamente, me sugirió que inventara mis propias versiones y de ahí empecé a escribir. Nada nuevo, nada demasiado bueno, pero se hizo una mala costumbre. La familia parecía feliz al creer que yo estudiaría letras y que sería una gran escritora; sin embargo, mi curiosidad pudo más y al momento de tomar la decisión la idea ni siquiera pasó por mi cabeza, estaba completamente decidida a estudiar ingeniería mecánica.
Por cierto, sí, soy ex-A-Tec (así como tan bonito lo he visto escrito por aquí), cosa que nunca me hizo por completo feliz. Durante los cuatro años y medio de la carrera estudié cosas sorprendentes; más que aprender sobre el por qué de las cosas, me gustaba aquello que me decía cómo manipularlas… era casi como el tener las herramientas para hacer lo mismo que con la escritura: inventar de una u otra forma mi propio mundo. Sin embargo, nunca me imaginé trabajando en la industria y dedicándome a ello.
Un amigo muy sabio me dio la solución: la investigación tenía que ser lo mío. Entonces fue que entré a la maestría en materiales en la UNAM. Ahí me dediqué durante más de dos años a investigar sobre cementos óseos, pasando gran rato dentro de un pequeño laboratorio, tomando mediciones repetitivas y teniendo que seguir un método rutinario y francamente hartante. Al poco tiempo comencé a sentirme desdichada, aún más cuando mis compañeritos parecían felices con esa vida y ponían cara de extrañeza al escucharme decir que había un mundo fuera de ahí. Afortunadamente descubrí un posgrado en filosofía de la ciencia, en el cual supuse se iba a reflexionar sobre todo aquello que no me gustaba de ella, entonces de nuevo fueron los trámites y hace dos años comencé con ello. Las cosas desde entonces cambiaron bastante, y poco a poco me fue llamando el área de divulgación científica, y en resumidas cuentas ahí estoy, redactando mi espantosa tesis.
De nuevo es la escritura, de nuevo me encuentro contando historias sobre cómo me parece que es la ciencia y sobre los otros mundos que existen fuera de ella. Creo que en realidad debí haber estudiado arte.
El problema es que en este momento debiera de estar redactando algo de los tantos pendientes que tengo, pero estoy como en una especie de bloqueo mental. Siento que tuviera años bloqueada. Hace unos días, en una reunión casual, me encontré con la doctora y tras observarme y escuchar algo de mí, me recomendó que me diera una vuelta por este pabellón. Así que aquí estoy, parece que el diagnóstico fue el correcto.
Prácticamente esa es mi historia. También soy posesiva, egoísta, sumamente contradictoria, pero creo que soy buena amiga y mi sarcasmo les divierte a ciertas personas. Soy enamoradiza y soy la persona a la que siempre le suceden las historias más increíbles, quiero creer que en alguna próxima vida seré recompensada y reencarnaré en un gatito, espero sea pronto…
Y ya estoy diciendo tonterías, mejor me callo.

¿Ya me puedo ir?

jueves 8 de enero de 2009

Felices letras

Mis queridos insuficientes,
mi deseo de año nuevo para los pacientes de este Pabellón Terminal es que recuperemos las letras, que las alcancemos, que las desenterremos, que las colguemos de las estrellas (a propósito del año internacional de la astronomía, pero esa sopa es de otro menú), que las despertemos... en fin... todo eso y más.
Es así que retomemos el reto de la escritura, de enfrentar la pantalla en blanco (digo, eso de la hoja en blanco parece haber quedado para los de la vieja guardia, aunque a mí me sigue gustando ver el papel así, virgen, y tratar de pervertirlo con palabras).
El reto que propongo es este:
La cama y las parejas.
¿Cómo duermen las parejas?
¿Cómo les gusta dormir con su pareja?
¿Por qué las parejas mayores duermen en camas separadas?
Y lo que sea que se les ocurra, en cuanto a dormir con alguien. Ahora sí pongámonos como límite una semana, como debe ser.
Yo, yastoy empezando mi texto. Y entonces, les deseo felices letras.

domingo 12 de octubre de 2008

Aviso desde lejanas tierras

Seños y... seños
Avísoles que Don Arlés Bayano nos ha invitado (como grupo o como individuos personalísimos) a participar en la próxima edición de la revista Espiral. Nos queda el saco para "género narrativo breve" o "cuentico chiquitico", así que ustedes dirán.
Como co-administradora (o no sé, ¿tenemos algún otro administrador o es mi alter ego y en realidad soy la única?) del pabellón, ínstolos a que publiquemos.
Yo sé que algunos de ustedes publican, otros ya son famosos (mesmamente los que ya publican) y yo me hago un poco mucho guey ve'a, pero yo me propongo sí mandar un texto.
Por si las flais, ya le pregunté a don Arlés que qué extensión necesitan y demás minucias.
Post data.
¡Pónganse a escribir!

sábado 27 de septiembre de 2008

Pronóstico del clima: espumoso en el sureste mexicano

Nublado, con ligeras lluvias intermitentes a causa del frente frío número...

Entorné los párpados por el aire estático.
El agua gélida, suspendida en el aire como estalactitas, me punzó. ¿Me punzó? Me picó. Me ardió. Me mordió. Sí, el frío me muerde. Reseca la piel de mi cara y la pone vieja, usada y tensa como cuero calado. No, calado no. Curtido. Sí, curtido porque se pone correoso. ¿Correoso derivará de correa o viceversa?
Me sentí desolada y fresca porque ese aire que baja de las montañas llena muy bien los pulmones. Será por la altitud. La neblina que reptaba ladera abajo se veía densa, amarillenta por la contaminación. Amarillenta como su piel odiosa. Amarillenta como su pelo ralo. Amarillenta como sus dientes grandes. Amarillenta como su globo ocular. Amarillenta como la lubricación que le escurre por la entrepierna cuando finge que duerme junto a mi mujer. La amante de mi mujer. La ex novia de mi mujer. Su amante, es un mejor término. ¿Mi mujer? Esa mujer, es más adecuado.
Me quedé viendo esa nube batida, esponjosa e inasible que corona las montañas otrora verdes. Están canosas- pensé. Pinches montañas rucas.
Nublado. Así es como dicen los noticiosos. Que el tiempo estará nublado. Nublado no es neblinoso. ¿Nebuloso? Níveo. Nubarronoso. Nubicundo. Como rubicundo pero con nubes, pues.
Y huelen. Aspiré fuerte y olí esa humedad fría. Hiere un poco, siempre hiere. El frío y el calor hieren en sus estados más puros y a la neblina le falta sólo un chin para ser nieve. En todo caso se comporta como tal pero en slow motion. Hay avalanchas de nubes y a uno lo matan también pero de a poco. Lo apachurran a uno pero metafóricamente, ve'a.
Pero a mí me gustó. Me gustó salir del hotel y caminar por los empedrados húmedos -escuchando el spluc/esplúc/splat/clác de los zapatos contra la piedra encharcada. Me gustó no encontrar el sol bien alto burlándose de mí. Me gustó que el frío me restirara el cuero, me doliera en los ojos -me los enfriara tanto que me tuve que poner lentes. Que las nubes bajas me obligaran a mirar hacia otro lado porque su brillo lastima. Me lastima. No pude mirarlas más así como no pude mirar de frente a mi novia y a su amante.
Caminé por las calles, bajé y bajé. Traía el frío en la nuca pero no me levanté el cuello de la chamarra. Que me hiele, total- pensé- que me muera. Ya sería cerca del medio día, pues apenas a las once mi susodicha talporcual me había confesado su traición noctámbula. Sí, pasó una hora antes de que yo saliera a la calle. Y me sentara aquí.
Soplé la espuma del chocolate batido. ¿A mano? No lo creo. Al menos no en la Italian Coffee Factory. En las mesas de afuera por supuesto, porque yo tenía un encargo a ser escrito. Afuera.